“DIGNIDAD EMPRESARIAL” SOMOS EMPRESARIOS
“Algo estamos haciendo mal”. “Tenemos un problema claro de comunicación”. “Deberíamos contar la verdadera realidad de nuestro día a día”
A diario se escuchan estas y otras frases parecidas, atribuidas a distintas voces, en los diferentes encuentros empresariales que se organizan a diario en nuestro país. El lamento es casi una constante entre un buen número de empresarios, emprendedores y autónomos, que consideran que su verdadera realidad y la imagen del empresario del siglo XXI, no se corresponde ni de lejos, con lo que se transmite de puertas para fuera.
La verdad es que no es nada fácil poner en valor el trabajo de empresas y empresarios, cuando arrastramos décadas en las que se han ido asentando máximas contrarias a su labor, a su esfuerzo, y a sus problemas.
El principal problema es que cuando se piensa en empresarios, se piensa en una idea anquilosada en el tiempo, que ya no era real entonces y mucho menos, lo es ahora. Por eso hay que empezar, como en cualquier proceso de comunicación, por definir bien el mensaje y ese mensaje, debe insistir en cómo es la figura del empresario de hoy, y cuál es y debe ser la función de la empresa en los tiempos que corren.
El empresario de hoy está muy alejado de ese perfil abonado durante años, en muchas ocasiones por los sindicatos de que el emprendedor solo por el hecho de serlo, ya tiene connotaciones negativas. Es un explotador que se aprovecha del trabajo de su equipo para
enriquecerse, sin aportar poco o nada, a eso que ahora ha dado en llamarse el bien común. Bien es cierto que esa imagen ya no es compartida por mucha gente, pero aún quedan resquicios de ella, que afloran cada vez que se conoce un comportamiento o actitud empresarial negativa, que ensombrece la labor de todos.
La nefasta imagen ha sido rentable durante mucho tiempo, pero ya es hora de desecharla. Entre los empresarios como en el resto de los colectivos, hay garbanzos negros, pero al igual que en el resto de los sectores, hay siempre más buenos ejemplos que malos, y es hora de ponerlos en valor.
El empresario, el emprendedor, sigue siendo alguien, que, a través de una idea traducida en un proyecto, contribuye a incrementar el bienestar y la riqueza para toda la sociedad. Cuanto mejor les vaya a los emprendedores, a los autónomos, a los empresarios, a las empresas y a los proyectos, mejor le va a ir a la sociedad.
Que el empresario gane dinero no es ni negativo, ni malo, es simplemente su razón de ser. Nadie monta una empresa para perder. La filosofía es ganar, porque ganando las empresas, ganamos todos.
Ya va siendo hora de dignificar las funciones, la labor, la responsabilidad, el riesgo y en general, la figura de los empresarios, de los buenos empresarios, que, dicho sea de paso, son la mayoría, aunque algunos sigan empeñándose en encumbrar a los malos, para tapar lo que hacen los buenos.
Eso no se consigue con discursos vacíos ni campañas de imagen. Se logra marcando una línea clara entre los que actúan con ética y los que no
Dignificar la figura del empresario implica reconocer su papel fundamental en la creación de empleo y riqueza, así como valorar su contribución al desarrollo económico y social. Esto implica cambiar la percepción pública destacando su labor como generador de oportunidades y progreso.
Generadores de empleo y riqueza
Uno de los aportes más visibles de los empresarios es su capacidad para generar empleo. Las empresas, desde pequeños comercios hasta grandes corporaciones, son el motor que impulsa la economía local. Cada nueva empresa que se establece en una comunidad representa una cadena de oportunidades: empleos directos, crecimiento de negocios auxiliares, y un incremento en la circulación de riqueza en el territorio.
Además, el impacto de las empresas no se limita a su propio ámbito de acción. Un empresario exitoso fomenta la innovación y establece redes de colaboración que trascienden fronteras, atrayendo inversión y conocimiento a la región.
Agentes de cambio e innovación
Los empresarios son catalizadores del cambio. En un mundo en constante evolución, son ellos quienes detectan oportunidades y crean soluciones innovadoras para satisfacer las necesidades de la sociedad. Ya sea desarrollando tecnologías disruptivas, ofreciendo productos que mejoran la calidad de vida o promoviendo nuevos modelos de negocio, los empresarios están en el centro de la transformación.
En el ámbito local, este espíritu innovador tiene un impacto directo en la competitividad de los territorios. Una región que fomenta el emprendimiento y apoya a sus empresarios se convierte en un polo de atracción para talentos y recursos, posicionándose como referente en su sector.
Responsabilidad social y sostenibilidad
Lejos de la visión clásica del empresario como un agente motivado exclusivamente por el lucro, la realidad actual nos muestra a líderes comprometidos con la sostenibilidad y el bienestar social. Muchos empresarios integran principios de responsabilidad social en sus modelos de negocio, promoviendo prácticas éticas y sostenibles que benefician tanto a sus comunidades como al medio ambiente. La empresa moderna no solo busca maximizar beneficios, sino también generar un impacto positivo en la sociedad.
Asunción de riesgos:
El empresario asume riesgos financieros y personales al emprender un negocio, lo que requiere valentía y determinación.
La importancia de cambiar la narrativa
Para que una sociedad prospere, es fundamental cambiar la narrativa en torno a la figura del empresario. Reconocer su esfuerzo, valor y compromiso es esencial para inspirar a futuras generaciones a emprender. Un entorno que celebra el emprendimiento fomenta una cultura de creatividad, resiliencia y crecimiento.
Es también responsabilidad de los empresarios compartir sus historias de éxito, así como los desafíos y aprendizajes de su camino. Estas experiencias inspiran y motivan a otros a seguir sus pasos, generando un efecto multiplicador de impacto positivo. No todos los empresarios son iguales, y es importante reconocer la diversidad de modelos de negocio y de enfoques empresariales.
Es cierto que sigue haciendo falta hacer una labor intensa para dignificar la figura del empresario. El empresario/emprendedor de hoy, ha evolucionado en poco tiempo mucho más, que cualquier otro colectivo, tanto que es consciente de que, a pesar de ese avance, aún no se ha generado la imagen correspondiente al mismo, entre la sociedad.